sábado, 10 de julio de 2010

retratos... retratos tras retratos


El fresco en la muralla era de madame Clauverd. Lo pintó cerca de su muerte y cuando el tumor en su cabeza la postraba, semana tras semana, en una fría y desdeñosa pieza fuera de la casa central.
La pintura figuraba varias imágenes simbólicas de su vida, era casi como un retrato de su vida, pero pesimista y colérica; los colores, las texturas. Claramente se observaba el frenesí rabioso y desenfrenado en cada brochada…

- Estás desquiciada - dijo el conde de Baviera una vez, cuando observó que madame Clauverd mezclaba su semen con óleo para terminar la imagen sacra de la virgen de los remedios.

- Quiero pintar con vida, quiero que mis obras no sean sólo representaciones ficcionadas de mi alma, siento que la pintura me llama a buscar no ser sólo imágenes. Deben respirar, sentir, llorar y amar como su autor, como su pintor. Por eso, la virgen necesita ser pintada con fluidos humanos -.

Así comenzó a recolectar fluidos. En principio, ocupaba orina o sudor para mezclarlas con tinturas. Tenían color y se diluían fácilmente en la tela pero, sin embargo, el olor era insoportable y su poca resistencia al calor lo hacía inútil para pintar. Pero, todos estos inconvenientes no desmotivaron a la madame. Es más, comenzó a estudiar grandes volúmenes de anatomía como fisiología humana y animal: comenzó a cazar gatos y perros para ver si su orina o su sangre le eran útiles para pintar, pero lo descarto a los primeros fracasos sin mayores contemplaciones. Ya el semen, la orina y el sudor le era insustancial como también poco atractivo para su empresa. Necesitaba más, y más, y más. Algo con cuerpo, con vida: como la sangre.

- En los cementerios no hay sangre, idiota-. Le dijo el alquimista Jean Paul Cloumans. Ella miraba con una mueca satírica y sin entender la realidad. Ya hace meses que vivía subyugada en un mundo sin fronteras morales ni éticas. Se despertaba todas las noches excitada, sudada y sola.

Clauverd desde niña le tenía miedo a los cortes, y no estaba dispuesta a ella misma sangrar para poder pintar. Para esto ocupó a Bayard, un esquizofrénico que servía en la casa de sus padres. Bayard tenía fama de comer ratas y servirse de sus propios fluidos para alimentarse. Muchas veces el sagrado tribunal trató de arrestarlo infiriendo que tenía pactos con el mal o que era adepto a la nigromancia. Pero, el padre de la madame intercedió ante el tribunal eclesiástico, presumiblemente por la culpa que le producía haber engendrado un bastardo como él. Este pobre hombre era lo que necesitaba para su empresa. Pero Cloumans le habló en un sueño que la sangre de un hombre con deplorables hábitos alimenticios iba a destruir por completo la tela. Esto no impedía del todo ser utilizado para un macabro propósito: él haría el trabajo sucio, él sería el asesino.
Necesitaba una niña. Sí, la sangre de las niñas es más fértil y sutil que la de los hombres, su delicadeza en el cuidado de sus cuerpos la hacen ideales para compartir su sangre con madame Clauverd; más que mal, es por arte.
Eloísa Rieux tocaba melodías de Bach para su abuela ciega. En las noches remendaba sus vestidos junto al calor de las velas. Le gustaba pasear por el parque y era prometida de Sir Walter Ninpaw. Era bella y delicada, sutil e interesante. Era la indicada.
Bayard en principio no aceptó la propuesta: no aceptó dinero ni bienes. Pero, no pudo rehusarse a poder tocar y penetrar el cuerpo de la madame. Para Clauverd ese hombre le era repulsivo y desdeñable, pero no hubo caso con él. Tendría que gruñir para conseguir la pintura.
En este punto la historia se vuelve intrincada. Ya me es difícil seguir cronológicamente la narración, incluso lo es para un narrador omnisciente. Todo se funde en una amalgama de saberes y poderes incompletos, acciones inútiles y absurdas hasta para un niño, que, sin embargo, consiguieron su cruel y enfermizo objetivo.
Eloísa Rieux fue asesinada el 4 de octubre junto a su cama. El asesino deslumbraba falta de talento y frialdad. Desfiguró el cuerpo con puñaladas innecesarias, corrompió sus cabellos y uñas, destruyó sus venas volviendo a la pobre Eloísa en un des-humano, incluso para un cadáver. Paradójicamente, nadie pudo inferir quién fue el asesino; unos decían que fue una especie de sabueso gigante, otros pensaban que fue una vendetta política por la muerte de Alonso, el duque de Mauspierre, rival en la corte del padre de Eloísa. Al fin y al cabo nadie pudo averiguar realmente quién fue el ejecutor, incluso con lo torpe que fue éste al cometer el crimen.
Junto con la tela se encontraba la palpitante sangre. Estaba quieta, caliente y con vida. Madame Clauverd estaba sentada mirando la tela blanca y estéril. Después de un rato (diez minutos o todo un día) se dignó a levantarse para tomar el pincel. Lo untó en la sangre que comenzaba a cuajar y comenzó a pintar. Se sentía fresco y hermoso, dulce y apasionado. En cada pincelada plasmaba un toque vital sin comparación alguna. Al ya estar el fondo totalmente pintado, retrocedió para ver el principio de la obra más grande de la historia de la pintura. Lo observó: era bello. Rió como niña, cerró los ojos gratamente y al abrirlos su obra comenzaba a quemarse. No, no puede ser… Rápidamente corrió a sofocar las llamas con sus manos, pero era imposible, era un fuego helado. Gritaba despavorida, gritaba como si sólo su voz fuera oída en la tierra, gritaba y gritaba y su obra cada vez se iba consumiendo más. Gritaba sin remordimientos, gritaba con una pasión desenfrenada, sus manos estaban calcinadas, la gente comenzó agolparse en la puerta, los hombres forzaron la puerta y ella gritaba y gritaba, los hombres la detuvieron, los hombres la encontraron gritando y gritando, frente a una tela blanca… sin pintura alguna.

viernes, 2 de julio de 2010

imaginacion...


Escribo…

En mi pieza perdura el silencio. La calma y la oscuridad se funden creando un ambiente único y apacible. Acostado reflexiono burdas paradojas que no conducen a nada, busco un imaginar centellante como lo soñé cuando pequeño, en donde mis problemas se reducían a tan solo unas cuantas patrañas y rabietas mal controladas. Recuerdo el sol azotándome la frente, mis ojos depositados en el balón, en mis amigos, en mis juguetes, en mi ser. Nada me faltaba… esperen, recuerdo un sentimiento vacío y parco, no: no era un sentimiento, era un anhelo: si, recuerdo ese anhelo, lo recuerdo claramente.
Tenía el pelo largo y ocupaba pantalones color cobrizo. Su piel era de un blanco invierno, sus ojos eran de un marrón profundo y uniforme que acentuaba aún más su caucásico parecer. Era pequeño y rechoncho: gustaba de grandes festines junto con su familia. Jugaba brisca con los mayores, escribía el puntaje en los juegos de domino y leía ciencia ficción. Planeaba casarse con una extranjera de esbelta figura y magnos senos. Prefería caminar que correr, siempre andaba rascándose los testículos por el bolsillo del pantalón y nunca estudiaba ya que albergaba un sueño acumulado de noches de imaginaria masturbación.

Nunca tuvo nombre. Claro, si jamás nació ni murió, solo existió en los parajes de una imaginación infantil, solo existió en mi cabeza. El es el amigo que jamás tuve, el fue mi compañero de tantos pensamientos inconclusos e incomprensibles; él era mi anhelo, el era mi sueño, el era mi hermano…

sábado, 19 de junio de 2010

conciencia de una mente incoherente...


Conciencia…

Sientes misericordia… imagina a tu madre arder en manos de hombres sin rostro. La mosca todavía molesta pero déjala… se irá a algún lugar; lejos, muy lejos donde el sol no palpite los ramos de nuestra frente. Frenética sombra te ríes de mí: pero madre no me llames por mi nombre, no soy tu hijo, soy el dios de la misericordia y soy la vida de tus vástagos restantes… ahora soy el destructor de mundos, soy la muerte, arde frenéticamente y sin compasión porqué dios te condeno a vivir sin carne, incorpóreo y donde nadie te recuerde como tal. Te ríes de mi pequeño príncipe, madre abrázame, padre no me falles… no deseo, no temo, madre no vuelvas a venir. Yo seré el dios que no sufre ni lamenta la pérdida de fe de sus ciervos porque la soledad depende de la nada, hijo abrázame y no me dejes caer…bueno márchate y no vuelvas, el lápiz deja de sangrar tinta, mi pene esta estéril, recuerda que solo soy un pequeño dios, no quiero morir en manos de los vikingos ¡arde! arde capullo pusilánime… me guardas rencor como todo el mundo por no voltear hacia atrás. Mira y lamenta que no eres feliz… cometes el pecado mas aberrante del universo. No eres feliz... serás uno de los miles de muertos no llorados, serás un recuerdo que se desgranara en el tiempo…

Despierto. Le reloj marca las 6 pm, comienza el día. Comienza mi ardua labor.

martes, 8 de junio de 2010

bifurcaciones


Una vieja gorda y sebosa cortó el raído ticket como una autómata. Recuerdo su expresión torpe y recia frente a mi cara de evidente estupor. Comencé a caminar por un pasillo sin estética alguna pensando trivialidades (como siempre), disfrutando, tal vez amargamente, un presente ficcionado en base a recurrentes recuerdos de un pasado lejano que frustraban mi imaginación, causando de alguna forma esta cierta afección personal hacia el crack, el alcohol y el porno.

La sala del cine era pequeña, vieja y con un presente olor a cloro, las butacas eran de un paño grisáceo uniforme que acentuaba aún más la oscuridad reinante en la habitación. Tan solo había ocho o nueve hombres que observaban de reojo y con claro desdén (o vergüenza) mi presencia. Observé que una gran mayoría tapaba sus piernas con prendas, ¿Por qué?; reí y me senté al fondo de la sala, el piso estaba pegoteado… tal vez sea semen o alguna gaseosa que se derramó previamente. Furtivamente desenrollé el papelillo de cocaína que tenía en mi bolsillo, y como no tenía ninguna pajilla introduje los dedos en el polvo y jalé toda esa miseria tóxica (se me olvidó picarla). Mi mente sucumbió a la blanca anestesia.

Las imágenes comenzaron a proyectarse, pero mi mente no alcanzaba a captar la escena. Veía la penetración, escuchaba los orgásmicos gritos, pero mi mente escapó a otro recóndito paraje donde los contextos se bifurcan en pensamientos abstractos e inconexos: donde uno no nace de la unión del padre y la madre, sino los hijos procrean a sus hermanos; donde las mariposas no vuelan, sino reptan y son los seres más aberrantes de la creación; donde el susurro de Dios no es escuchado por él…

¡AHHHHHHH¡

El estrepitoso grito del mentiroso orgasmo me devuelve a la realidad. La escena acabó, me siento estafado. Todos en mí alrededor muestran indicios de claro cansancio o excitación, pero yo no. Ni siquiera se endureció.

domingo, 30 de mayo de 2010

limosna


Las campanadas católicas comenzaron tarde, siempre comienzan a las nueve y media pero hoy comenzaron con siete minutos de retraso. Era de noche, sin embargo llovía tenuemente en la ciudad. Camine hacia la puerta de la iglesia a pedir limosna a los feligreses que entraban atrasados al sermón del cura delmard. Algunos hombres de terno raudamente sacaban una moneda para así no demorar más su camino hacía un seguro puesto frente al altar. Otros, me ignoraban sin ninguna culpa, algunos me negaban con la mano o con una palabra despectiva, a los niños de daba un cierto temor mi cruda presencia ¿acaso nunca habían visto a un mendigo? .Al fin y al cabo ninguna moneda entregaba era con verdadera caridad, de igual forma recaude dinero suficiente. Con desdén camine por el asfalto mojado hacia la gran casa. Era una noche fría y amarga donde las penas se funden con las alegrías, los recuerdos se mezclan con la realidad confundiendo todo haciéndolo irreal; como una fáunica pesadilla.
Ahora en la gran casa: mi hogar que comparto con perros, drogadictos, pedófilos, ratas y cucarachas desde tantos años que su suciedad imprime cada putrefacto lugar. Este es mi antro donde me emborracho junto con mi sombra contemplando el devenir de mi soledad, buscando tal vez erradamente un consuelo junto a la luna que me haga sobrevivir a las frías noches de tempestad como esta.
Trago tras trago anestesia mi cuerpo. Las calles están vacías, igual que mi cabeza, igual que alma, igual que mí ser. Todo en mi sé a podrido, todo en mi esta carcomido, tan solo soy una cascara que recubre el vacío, mi soledad eterna junto al cielo, contemplando el firmamento junto a mi sombra…
Anochece y me consumo. La tormenta azota mi hogar crudamente. Todo se filtra, las ventanas están rotas; el piso se humedece cada vez más. Cierro los ojos tratando de fugarme a la fantasía pero, es imposible; las mariposas no vuelan en la lluvia, las luciérnagas no se iluminan en la tempestad: los sueños se ahogan en la lluvia.

No te puedo recordar, me es imposible…

No me puedo escapar, mis pies están llenos de concreto.

¿Sí me hubiera quedado en casa?

Te recuerdo con fatalidad, me gustaría que estuvieras junto a mí.

Junto a ti no había miedo. Te amo…

Pero ya tu me miras desde el jardín de al lado. Ya escapaste, ya eres libre…

sábado, 15 de mayo de 2010

culpa


Sientes ira al ver tus entrañas rasgadas por las moscas. Sientes cólera: es natural.

Sentado en el raído sillón leyendo un libro de olvidada ciencia, siento la extraña corazonada que hay una presencia distinta a la mía. Giro la cabeza hacia la puerta, pero no encuentro nada. Me levanto y camino cansadamente hacia la puerta, pero no encuentro nada. Tranquilamente vuelvo hacia mi lugar de origen para retomar mi previa actividad, me dejo caer pesadamente en el sillón tratando de buscar nuevamente la perturbada paz. Es una noche fría y desolada, sin embargo, era bastante agradable para dedicarse al olvidado arte de la lectura.
Las horas pasaron suavemente. Para extrañeza mía no pude leer fluidamente como lo hacía las noches anteriores, era extraño, mi alma estaba intranquila o vulnerable a un sentimiento de inseguridad, a ratos un repentino miedo me obligaba a detener mi acción y buscar en mis alrededores esa… esa perturbadora “presencia” que no me dejaba en paz.
El cansancio me venció de golpe, no recuerdo cuanto dormí ni el cómo, pero fue un incomodo y agobiante pernoctar en el desgastado sillón. Al despertar, la presencia se hacía cada vez más fuerte, recuerdo claramente que en la ventana se dibujaban distintas figuras amorfas y sin claro objetivo; estaba raramente atemorizado. Me levante con malestar ya que mi espalda sufrió de sobremanera al dormitar en posiciones tan incomodas, pensé en ir a la cama, tal vez el no dormir correctamente como cualquier cristiano me esté causando esta especie de paranoia, que diablos sé yo… Caminé por el pasillo en penumbras siguiendo la ruta con la mano izquierda pegada a la muralla, baje las escaleras de forma lenta y torpe como un autómata. Miré la sala de estar fijamente y allí estaba la presencia, claro, no me había equivocado en lo absoluto.

- todo se paga, recuerdas… -

- esperé este momento Ralph, el momento en que por fin me liberarás de la culpa… -

(Silencio)

sábado, 8 de mayo de 2010

madre


Me es difícil comenzar el escribir de un ser que me llena tanto mi razón como mi alma. Claro, me es casi imposible hablar de mi madre.
Ahora, en un día solidado y bello emprendo la ardua tarea de hablar de ti. El concepto de madre es tan difícil, tan profundo, lleno de recovecos bellos que a cualquier hombre lo aturden en el solo hecho de tratar de describirlos, relacionarlos, alabarlos y justificarlos. Es difícil precisar el sentir de uno, es difícil incluso descubrir el pensar de uno pero, gracias a los recuerdos comprendemos su real significado, entendemos el verdadero contexto de familia y el de ser familia unidos bajo el yugo del amor.

Madre. Concluyo que siempre seré el pequeño niño indefenso en búsqueda constante de protección. Recuerdo las mañanas despertando juntos, anhelando que el tiempo se detenga de golpe atesorando cada minuto, cada sentir, cada respirar fecundo proporcionado por la unión de los dos, esa unión constante hilada por el instinto milenario recubierto del amar mutuo de dos seres nacidos de uno, de dos seres encadenados de por vida.

Siempre serás mi madre…

Me es difícil no sentirse colérico por el solo hecho que mis palabras no puedan reflejar mi sentir, este sublime cariño mutuo destinado tan solo a nosotros. Al fin y al cabo me siento afortunado de tenerte, de verte feliz, de buscar protegerte en la tristeza reuniendo todo lo nuestro en la dicha de nuestra familia. La paz de nuestra familia unida bajo tu alero protector

Siempre serás mi madre…

Temo fallarte. Tal vez en este momento sienta culpa por estar destinado a abandonarte, del no poder haber tenido conciencia de lo feliz que era a tu lado, de no poder acariciarte con las mismas manos de niño, de no poder retribuirte toda la felicidad me que has entregado, de no poder protegerte, el ser tan débil, de tener cimientos de barro, del no poder besarte como lo anhelo, de sentir rabia en la boca del estomago por todos los errores cometidos, por dejarte a un lado junto con todo lo que más amo; Creyendo que era natural, pensando que eso era lo que estaba destinado para mi, actuando como un verdadero hijo. Actuando como un verdadero hombre.

Siempre serás mi madre…

Ahora. Enfermo busco él porque de mi pesar, tal vez me he abandonado lo suficiente como para haber perdido la noción de la realidad viviendo siempre en mi propio universo creado. Siempre le he temido a la realidad y tú lo sabes. Madre, comprendo tu pesar de ver a tu hijo caer y créeme que el mío es aún mayor. Del sentirme en un perpetuo cansancio buscando la salida sin comprender cuál es el real camino que me toco realizar, tratando que nuestro mundo no nos deje atrás por el solo hecho que yo no tengo deseos de caminar.

Siempre serás mi madre…

Trato de mantener la calma, de demostrar tranquilidad para así no dañarte ya que, eres lo más sagrado para mí. Tratare de protegerte hasta el final de nuestros tiempos destruyendo a todo ser que te haga algún mal, volviéndome demente por el solo hecho que dios me condeno a no poder amarte como lo deseo, al sentirme vacío por no expresar lo que siento recurriendo siempre a esto. El tormentoso arte del escribir.
Al fin y al cabo caminare. Me tranquiliza el hecho que siempre estarás a mi lado tratando que hacerme la vida más fácil pero, que importa, lo que realmente importa es que…

Siempre serás mi madre.

te ama tu hijo.Roberto.